domingo, 3 de enero de 2016

Odisea pajarera

El 20 de diciembre participé por primera vez en el SACIN, un censo de invernantes que organiza SEO/BirdLife, aunque más que de invernantes parecía que era de estivales, porque la temperatura no era la de un invierno normal.

Salí a las 11 (primer error), llevando puestos unos pantalones y una sudadera, ambos de pleno invierno (segundo error) y sin conocer algunos de los caminos (tercer error). Hay que hacer ocho recorridos de 15 min, comenzando a cualquier hora, excepto la de después del amanecer y la de antes del atardecer, contabilizando las aves detectadas, indicando si el ave en cuestión está dentro o fuera de banda (25 m).

El primer tramo fue bastante bien, había pasado varias veces por ese camino y pude ver bastantes aves, excepto que no conté con que el ganado estaría en medio del camino y que el pastor iba en furgoneta, por lo que probablemente podría haber observado bastantes más aves y de más especies (yo esperaba haber visto gangas, pero el ruido de la furgoneta las había espantado) si hubiera elegido otra hora.

El segundo tramo fue el mejor de todos. Era por una carretera muy poco transitada, que ya conocía anteriormente y observé más o menos las aves que me esperaba. A mitad del recorrido vi que un rato antes me habían avisado de que habían observado un águila imperial en un lugar cerca de donde yo estaba en ese momento, así que cogí los prismaticos y en seguida la vi, por lo que la incluí en el censo, aunque estuviera a casi un km de distancia.

El tercer tramo fue por un camino que no conocía, aunque no tuve ningún problema en especial. Fue bastante bien y me llamó mucho la atención que, en un solo bancal de olivos vi más perdices que en el resto del censo.

El cuarto no fue mal del todo, excepto que era cuesta arriba y ya empezaba a hacer calor. Este camino tampoco lo conocía, pero como llevaba gps, no llegué a perderme, aunque estuve a punto. Lo que me sorprendió gratamente fue el efecto que se producía al unirse dos hábitats (matorral bajo y secano) y observé algunas especies que no esperaba.

El quinto...fue un desastre. Tampoco había estado nunca en ese camino, había calculado mal el tiempo y había tardado menos de lo que había pensado, así que tuve que alargarlo. Eran más de las 12 del mediodía y hacía un calor impresionante, y para rematar, seguía cuesta arriba. Acabé con la sudadera remangada y el pelo recogido en un moño. Pero como todo tiene un lado bueno, el de este tramo era que había muchos bebedero para las perdices y observé gran cantidad de aves.

El sexto fue mejor que los anteriores, excepto porque casi no observé aves. Era  por un pinar de repoblación que ya conocía anteriormente (es de mi abuelo) donde he observado en varias ocasiones pito real, pero ni rastro. Solo algunos fringílidos, cogujadas y dos o tres bisbitas.

El séptimo lo comencé al final del pinar, donde hay algunas piedras y pude ver un colirrojo tizón, que todavía no lo había censado. A mitad del recorrido me di cuenta de que mis padres me estaban esperando donde comenzaba el tramo siguiente, así que tuve que llamarles para decirles que se fuera, aunque el daño ya estaba hecho, ya que después me dieron que habían visto una ganga (aunque les estuve preguntando y creo que más que de una ganga se trataba de una perdiz).

El octavo y último fue bastante bien, aunque esperaba bastante más. Terminaba en un lugar que suelo frecuentar donde he hecho varias observaciones muy interesantes los últimos meses y lo más extraño que vi fue una tarabilla (que no es muy común en la zona y solo la había podido ver 5 o 6 veces anteriormente).

Espero que la próxima vez se de algo mejor, teniendo en cuenta, y mejorando, los errores que cometí.






No hay comentarios:

Publicar un comentario