domingo, 12 de julio de 2015

Dos días en la naturaleza


El fin de semana pasado estuve otra vez en mi aldea para pasar una noche. Esta vez pasé por los Anguijes antes de llegar a la Cañada Molina, allí pude ver en el trasvase Tajo-Segura una hembra de azulón con 16 pollos. Paramos un rato para observarlos y fotografiarlos y reanudamos nuestro camino.



Al llegar a la aldea di un paseo por los alrededores en el que, además de fotografiar a algunos insectos y plantas pude ver a un juvenil de cogujada, a un alcaudón real y a un bando de estorninos que me pasó por encima. Después me senté junto a uno de los lavajos, como siempre las culebras viperinas no fallaron y al poco rato pude ver varias, también tuve la oportunidad de hacer una fotografía que hacía tiempo que quería hacer, una pareja de libélulas apareándose.



Por la tarde fui a buscar a los mochuelos, y pude ver a uno en su posadero habitual, aunque no lo pude fotografiar debidamente porque un gorrión fue a molestarlo y se fue a los pocos minutos. Al ver que el mochuelo no volvía di un corto paseo para hacer macro. Esa noche, al poco de ponerse el Sol escuché un sonido extraño que nunca antes había oído, era similar al reclamo de un pito real, pero más pausado y ligeramente más agudo, fui en la dirección del sonido y vi a un mochuelo posado en un tejado, estuvo un rato cantando y le pude hacer algunas fotos, pero estaba de espaldas a mi, por lo que fui a la otra parte de la aldea para verlo de frente. Cuando me vio por el otro lado salió volando, pero se posó cerca y me dejó acercarme muchísimo, hice algunas fotos y cuando empezó a inquietarse lo dejé tranquilo, además, no podía acostarme demasiado tarde, al día siguiente debía madrugar para dar un paseo antes del amanecer.



Me levanté temprano y fui por el mismo camino que la semana anterior. De nuevo vi las gangas, esta vez también me dejaron acercarme bastante. Tras pensarlo he llegado a la conclusión de que es un dormidero, ya que he ido otros días en algunas horas más tarde y no las he visto. Durante el camino también pude ver a una perdiz con sus crías, que ya eran tan grandes como su madre y estaban a punto de cambiar el plumón. También pude ver algunos conejos que se metían en sus madrigueras a mi paso. Al llegar a la aldea la naturaleza me tenía preparada una sorpresa, un ícaro, que es una de mis mariposas preferidas y que solo he visto allí en dos o tres ocasiones. En casa de mis abuelos, en el patio, me llevé otra sorpresa, una gata estaba amamantando a sus crías. 


A continuación os dejos algunas de las fotos que hice.

































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